





Siempre se ha hecho buen cómic en España. No ha habido jamás recesión en este ámbito de la creación y la cultura, no al menos que yo recuerde. Evolución, si. Mucho han cambiado los tiempos y los medios. Los tebeos semanales murieron, lo hicieron más tarde aquellas revistas mensuales como 1984, Totem, Víbora o Cairo pero ahora tenemos eso tan ampuloso llamado 'novela grafica' y que no es más que un término que parece acuñado por aquellos a los que aún, a estas alturas, les da vergüenza decir que leen cómics. El formato actual es el álbum. Un formato más libre, que permite a los autores crear sus obras sin estar constreñidos a un número fijo de páginas. Y el formato es sólo el soporte, porque los temas también han evolucionado, y las técnicas narrativas y artísticas con él.
¿Han oído alguna vez esas expresiones manidas como ‘merece una palmadita en la espalda’ o ‘apunta maneras’ para referirse a alguien al que no queremos llegar a criticar pero que tampoco nos deja otro camino que la condescendencia? Bien, pues eso es lo que, tras su lectura, me provoca ‘Si vuelves te contare el secreto’ de Mónica Gutiérrez Sancho.
Hace veinte años Indiana Jones era el Puto Amo y durante estas dos decadas nadie ha podido disputarle el trono aunque lo han intentado. Esa mezcla de heroe sufridor y cínico, que recibe más que una estera pero que acaba triunfante tuvo sus dignos herederos para generaciones posteriores con John McLaine e incluso con Jack Sparrow, pero ninguno ha conseguido ponerse en el trono del tipo del látigo, más que nada porque detras tenía un equipo de los de quitar el hipo: Lucas vendiendonos el invento, Kasdan escribiendo, Williams componiendo, Ford poniendole el careto y Spielberg dejando a todo el niñerío con la boca abierta. Yo crecí queriendo ser el Profesor Jones, esa especie de Jekyll y Hyde de la arqueologia, mitad respetable catedratico, mitad salteador tumbas. Pero es que no solo yo, en aquellos años quería ser Indiana hasta el tato. De hecho hasta Miguel Bosé lo emulaba en 'Bandido'...
Y van los criticos y salen medio sonriendo a pasear por La Croisette y las rotativas se paralizan porque no pueden poner en caracteres bien gordos eso de "Spielberg traiciona a Indy" o "Demasiado viejo Doctor Jones". Pero detras de ellos viene el fandom, la nueva critica, la que arrasa con todo el merchandaising y sabe mas de la pelicula que los propios credores; y estos salen con la misma media sonrisa, pero lo que los criticos ven medio lleno ellos lo ven medio vacio. ¿Que ha pasado? ¿No es buena "El reino de la calavera de Cristal"? Hombre, buena-buena como la primera no es, claro esta, porque la primera es un monumento del cine de genero. ¿Es que se ha pasado con los efectos? ¿Es infantiloide? ¿Abu...gulp...aburre? No, no, todo en la pelicula funciona bastante modelicamente. No hay esa impresentable carga de efectos digitales que han roto el romanticismo del cine fantastico en los tres ultimos lustros. Se nota lo que mola, los decorados clasicos, la chapa y pintura, el latex y la guata (hombre y tambien el CGI pero con mesura). La peli no es infantil pero si familiar, nada que objetar al respecto. Y en cuanto a si aburre... hombre, tiene algun bajon pero en general va remontando. Lo que pasa es que uno no sale del cine queriendo irse a trepar una piramide maya o a recorrer un laberinto indio. Pero es que no es culpa de la pelicula, es culpa de nosotros los fans que comparamos con lo anterior y se nos queda cojita la pobre. Y es que no es tanto qué vimos entonces sino cuándo lo vimos. Spielberg, Lucas o Ford no pueden competir contra nuestra nostalgia, contra nuestra educacion sentimental pop. Esa es una batalla perdida asi que hay que ver la peli como algo nuevo y entonces se disfruta.
Y no, no hay manipulación al menos en lo que al tono verde se refiere. Si que he tocado el contraste y la saturación y alguna cosa más pero la foto era prácticamente así en origen. Obviamente el efecto en las fotos es bastante alucinante aunque el balance de blancos se va a tomar por saco y hay que hilar fino en el postprocesado posterior. El resto de fotos (salvo la última) que ilustran este post están sacadas en el mismo lugar y momento, la Mezquita de Al-Rifai en El Cairo.Lo del verdor tiene fácil explicación. Es muy común que en las mezquitas haya alguna tumba o relicario con los restos de algún personaje real célebre o incluso mítico, tal y como ocurre en las iglesias y catedrales cristianas. Esos lugares suelen ser recintos sagrados del tamaño de un panteón y acristalados o enrejados a donde los fieles suelen acudir a rezar. Es normal ver cómo se acercan hasta allí, ponen su mano en la piedra o la puerta y musitan alguna plegaria, en algunos casos echan dinero dentro y en otros dan vueltas a su alrededor rezando.
En este caso concreto se trataba de la tumba de un conocido místico sufí que es lugar de pereginación entre los fieles. Estos recintos siempre los iluminan de verde de forma bastante exagerada. El verde es el color del Islám, es por eso que la mayoría de los países musulmanes tienen banderas que contienen el color verde o incluso son verdes en su totalidad como Libia o Arabia Saudí. También es un espectáculo habitual el ver, por la noche, el exterior de las mezquitas y sus minaretes iluminados con neones verdes o cadenetas de ese mismo tono.

La historia de la foto proviene de una situación curiosa. Estaba deambulando por la mezquita cuando me metí en ese receptáculo ya que de dentro provenía una música de flauta. Al contrario de lo que suele pensar la gente las mezquitas, salvo en los momentos de oración, no son lugares especialmente solemnes y no es raro ver a gente tomar un tentempié, a niños corretear, a adolescentes bromear tirados por el suelo o a algún aburrido echar la siesta aprovechando el frescor del lugar. Lo de oír música si me parecía más extraño así que atravesé la puerta y me encontré con uno de eso rituales sufís en los que los creyentes repiten movimientos, estrofas o formulas hasta entra en trance. En un lado había un hombre tocando la flauta, una melodía hermosa y repetitiva que los demás iban siguiendo rítmicamente con la cabeza o murmurando. Cada vez entraba más gente y yo era el único occidental allí. Me miraban con una mezcla de curiosidad y respeto pero no con mal rollo. Yo les miraba, sonreía, sacaba las fotos y con la mano posada en el pecho, les decía "shukran" (gracias en árabe). Empezó a llegar más gente y se pusieron en pie los que había sentados mientras empezaban a dar vueltas alrededor del panteón y elevaban el tono de sus plegarias. Intuí que era el momento de marcharme pues no quería estorbar en la ceremonia. Cuando salí de allí vi que había algún que otro turista mirando desde fuera, pero ninguno se había atrevido a meterse seguramente por ese miedo cerval que los medios hacen que tengamos hacia los musulmanes.
Como último ejemplo pongo esta foto sacada hace dos años en Damasco, en la Gran Mezquita. El recinto que refulge con alienígena verdor es el lugar donde se supone que está la cabeza de San Juan Bautista que también es un personaje santo para los musulmanes.
