El Pacaya esta a hora y media de Antigua y, desde el punto en que deja la furgoneta hasta la lava son unas dos horas (puede que algo menos) de empinada subida y luego bajada hasta su ladera. En lo alto queda el humeante cono y abajo las coladas de lava y cenizas. La lava fluye como en los reportajes del National Geographic y, cuando el viento sopla a favor, el aire se convierte en una corriente abrasadora. Se llega a unos 10 metros de la lava mientras la oyes crujir y la ves avanzar a ojos vista como roca al rojo vivo. A parte del calor bastante fuerte (a una chica del grupo se le han derretido literariamente las suelas de las zapatillas) se hace muy difícil caminar entre la roca volcánica que es frágil y muy cortante.
La verdad es que resulta una excursion de lo mas alucinante pese a que acaba uno, entre tanto subir, tanta humedad y luego tanto calor volcanico como una verdadera sopa.
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