
Aquí en España a Sfar se le conoce, como a su colega Trondheim, por su serie-rió La Mazmorra. La Mazmorra y sus diferentes bifurcaciones espacio-temporales es una maravilla, por supuesto. Pero hay otro Sfar, más libre aún si cabe, que es capaz de marcarse un tratado filosófico sobre la virilidad desde la boca de un perro (Hércules. Socrates, el semi-perro, vol. 1), o hablar de las relaciones que se establecen entre dos nómadas y su entorno primitivo (Cazador recolector. El Valle de las Maravillas, vol. 1) o contar una rocambolesca y espídica historia que bebe de Verne, Leroux o el surrealista y violento Gustave Le Rouge y le aplica el ritmo del mejor Spirou de Franquin (Paris-Londres).

Y todo ello para finalmente postrarnos de hinojos ante ese monumento al amor en todas sus acepciones - amor paterno-filial, amor carnal, amor platónico, amor a la tradición, filantropía, amor divino - que es la serie El gato del Rabino. En fin que Sfar tiene de todo y para todos. Un maestro.