Y no, no hay manipulación al menos en lo que al tono verde se refiere. Si que he tocado el contraste y la saturación y alguna cosa más pero la foto era prácticamente así en origen. Obviamente el efecto en las fotos es bastante alucinante aunque el balance de blancos se va a tomar por saco y hay que hilar fino en el postprocesado posterior. El resto de fotos (salvo la última) que ilustran este post están sacadas en el mismo lugar y momento, la Mezquita de Al-Rifai en El Cairo.Lo del verdor tiene fácil explicación. Es muy común que en las mezquitas haya alguna tumba o relicario con los restos de algún personaje real célebre o incluso mítico, tal y como ocurre en las iglesias y catedrales cristianas. Esos lugares suelen ser recintos sagrados del tamaño de un panteón y acristalados o enrejados a donde los fieles suelen acudir a rezar. Es normal ver cómo se acercan hasta allí, ponen su mano en la piedra o la puerta y musitan alguna plegaria, en algunos casos echan dinero dentro y en otros dan vueltas a su alrededor rezando.
En este caso concreto se trataba de la tumba de un conocido místico sufí que es lugar de pereginación entre los fieles. Estos recintos siempre los iluminan de verde de forma bastante exagerada. El verde es el color del Islám, es por eso que la mayoría de los países musulmanes tienen banderas que contienen el color verde o incluso son verdes en su totalidad como Libia o Arabia Saudí. También es un espectáculo habitual el ver, por la noche, el exterior de las mezquitas y sus minaretes iluminados con neones verdes o cadenetas de ese mismo tono.

La historia de la foto proviene de una situación curiosa. Estaba deambulando por la mezquita cuando me metí en ese receptáculo ya que de dentro provenía una música de flauta. Al contrario de lo que suele pensar la gente las mezquitas, salvo en los momentos de oración, no son lugares especialmente solemnes y no es raro ver a gente tomar un tentempié, a niños corretear, a adolescentes bromear tirados por el suelo o a algún aburrido echar la siesta aprovechando el frescor del lugar. Lo de oír música si me parecía más extraño así que atravesé la puerta y me encontré con uno de eso rituales sufís en los que los creyentes repiten movimientos, estrofas o formulas hasta entra en trance. En un lado había un hombre tocando la flauta, una melodía hermosa y repetitiva que los demás iban siguiendo rítmicamente con la cabeza o murmurando. Cada vez entraba más gente y yo era el único occidental allí. Me miraban con una mezcla de curiosidad y respeto pero no con mal rollo. Yo les miraba, sonreía, sacaba las fotos y con la mano posada en el pecho, les decía "shukran" (gracias en árabe). Empezó a llegar más gente y se pusieron en pie los que había sentados mientras empezaban a dar vueltas alrededor del panteón y elevaban el tono de sus plegarias. Intuí que era el momento de marcharme pues no quería estorbar en la ceremonia. Cuando salí de allí vi que había algún que otro turista mirando desde fuera, pero ninguno se había atrevido a meterse seguramente por ese miedo cerval que los medios hacen que tengamos hacia los musulmanes.
Como último ejemplo pongo esta foto sacada hace dos años en Damasco, en la Gran Mezquita. El recinto que refulge con alienígena verdor es el lugar donde se supone que está la cabeza de San Juan Bautista que también es un personaje santo para los musulmanes.

1 comentarios:
No sólo no sabía lo del color verde, es que de hecho no recordaba lo de las vidrieras en templos árabes.
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