miércoles 10 de agosto de 2011

Dando una vuelta por Tashkent

Hay frases que te hacen abrazar el futuro, ya sea lejano o inmediato, con optimismo. Sentencias como "es benigno" en la visita al oncólogo o "por esta vez pase" cuando nos para la Benemérita surten ese efecto. En un aeropuerto lo mejor que uno puede oir hora de embarcar es "vaya, vamos a tener que ponerle en clase business". Juro que llevo un centenar de vuelos a mis espaldas y jamás me había pasado. Inmediatamente después de escuchar esas balsámicas palabras me giré hacia Nati y se lo dije, pero a ella le habían asignado un asiento corriente y moliente. Entonces, nobleza obliga, le dije a la mujer del personal de tierra que si no os podía poner a los dos juntos y me dijo que si, pero que entonces los dos nos quedariamos con el pasaje lumpen, con los proletarios de la clase turista... Yo, que había saboreado por unos segundos la mieles de volar como vuelan los altos ejecutivos y los Melendis de la vida decidí que no importaba, que o todos o ninguno. Tarkovsly hizo una película llamada 'Sacrificio' y estaba pensando en mi cuando la ideó. Pero el karma, la mirada de cordero degollado o, simplemente el hecho de que era más fácil subir de categoría a otra perosna en lugar de bajarla hizo que al final los dos fuesemos besados en la frente por los dioses del tráfico aereo y así consiguiésemos volar en Clase Business.

Calor e Islam. Una combinación clásica.


Inciso. La clase Business en Uzbekistan Airways, en contra de lo que yo imaginaba, no da derecho a caviar, champán o sexo gratis con las azafatas. Básicamente consiste en un asiento más amplio y el que tengas una azafata un poco más pendiente de ti. La comida fue de lo más corriente que he probado y no tienes ni tele para ti. También puede ser que en clase turista dieran solamente bocadillos de lechuga frita o ni siquiera dieran nada. Lo mejor del trayecto fue la comodidad aunque el avión que nos tocó había visto días mejores seguramente formando parte de alguna de las 17 compañias a las que perteneció antes de recabar en el orgullo de las líneas aereas centroasiáticas.

La llegada a Tashkent se produjo con una hora de retraso, la misma que perdimos saliendo una hora tarde de Madrid. El aeropuerto de la capital uzbeka se supone que es el más importante de la región, pero tiene las dimensiones del de una capital de provincia española. Pocos, muy pocos turistas se ven en sus instalaciones aunque afortunadamente nuestros temores a las autoridades policiales nos tocasen un poco las pelotas (tal y como afirman las guías) no se produjo. De hecho lo único lento e incomodo es la declaración de aduanas en la que tienes que rellenar un formulario especificando al detalle todo el dinero que llevas hasta el último céntimo así como teléfonos, ordenadores, tabaco, joyas y no se que más cosas. Lo rellenas un poco al tuntún hasta que ves a tus compañeros de fila más bregados en estas contingencias aduaneras especificando hasta el tamaño del implante que les colocaron hace dos décadas...

Salimos del aeropuerto a eso de las 7 de la mañana hora local, las 4 de España. Nos asaltan algunos taxistas, todos ellos ilegales, pero no se da el acoso al turista observado en otros destinos. En general el tono es amable. Si les dices 'niet, spasiba' no te insisten. Finalmente acordamos precio con un tipo con aspecto de haber pertenecido a la Horda Dorada de Genghis Khan que nos lleva en un santiamén hasta nuestro hotel. Por el camino aprovechamos para hacer trapicheo de mercado negro con las divisas. El resultado de las negociaciones nos satisface a ambas partes y a cambio de 5 billetes de 20 dolares nos encontramos con unos fajos de dinero que parecen sacados del atrezzo de una película de atracadores.

Fajos inmanejables. Y eso que ya habíamos pagado con uno el hotel...

En el hotel nos dicen que podemos dejar las mochilas, pero que el check-in no es hasta las 14:00. Decidimos dar una vuelta por la ciudad y cogemos lo imprescindible. Seguidamente nos dirigimos hasta una avenida con bastante tráfico y nos quedamos esperando en la acera. Las calles de Tashkent tienen aceras si son vías principales, si no son una sucesión de calzadas con baches compartidas por humanos y máquinas (por cierto el 95% del parque móvil uzbeco es de color blanco. En lontananza cuando ves acercarse a la marabunta de coches por alguna de esas amplias avenidas soviéticas parece que se te viene encima un alud dado el blanco resplandor de los coches).

Tashkent tiene líneas de vetustos autobuses con ignotas indicaciones en caracteres cirílicos, también hay metro (del que hablaré mas tarde) y taxis oficiales, pero lo mejor es que cualquier coche es potencialmente un taxi por lo que estando parados apenas unos segundos en cualquier acera y haciendo un levisimo gesto con la mano a la altura de la cadera algun coche te responderá con una leve ráfaga de luces y se acercará. Llega entonces el momento de decir el destino y acordar el precio. Para que os hagáis una idea un trayecto del estilo Atocha-Plaza Castilla te sale por poco menos de un euro. Te montas con un fulano que no es taxista ni nada y tira millas por las avenidas llenas de Ladas y Daewoos utilitarios. Como el nivel de inglés de la población media es cercano a cero y el nuestro de ruso se limita a 'da, niet, dasvidanya y pibo' (si, no, hasta luego y cerveza) la conversacón se limita a lo siguiente:

- Where you from
- From Spain
- Spain?
- Yes, from Madrid.
- Real Madrid, Casillas, Cristiano Ronaldo...

Y después de eso el silencio. En fin lo mismo que en los otros cuatro rincones del globo.

Esta mañana hemos recorrido el Bazar Central (Chorsu) que estan instalado alrededor de una enorme cúpula heredera de esa arquitectura de tiempos de la URSS que es mitad grandiosa mitad espeluznante, parte utilitarista y parte humorística y siempre con un aire retro, hortera y kitsch que tira de espaldas. En el mercado eramos los únicos extranjeros, también lo hemos sido en la calle salvo en dos ocasiones en que nos hemos encontrado visitantes. La gente te mira entre discretamente curiosa y abiertamente indiferente. ¿Y qué pinta tienen los uzbecos? Fácil ¿Os imáginais
que en un país vacio lloviesen 10 millones de gitanos rumanos, 10 millones de mongoles y un puñado de rusos? Pues ese es el perfil racial del noble pueblo uzbeko. Los hombres adultos visten con camisas y pantalones de tergal de los 70, las mujeres con vestidos estampados largos (tirando a feos) y pañuelo en la cabeza, los ancianos llevan un gracioso gorro en la cabeza como de vendedor de helados y los y las jóvenes tiene predilección por la ropa de mercadillo ajustada sacada de un catálogo de Venca de 1989. Eso si, son amables y tienden a echarte una mano con las direcciones aunque el idioma sea un serio problema. Algunos te asaltan por la calle y pegan la hebra para practicar su inglés, pero siempre con ánimo amistoso.

El calor segun transcurre la mañana empieza a graduarse de enorme a brutal y finalmente a aberrante, pero solo si te quedas al sol. Por la sombra es soportable y la brisa es agradable. Además Tashket es la ciudad con más árboles que yo recuerde haber visto y hay parques y jardines por doquier, todos ellos muy cuidados. Las intalaciones y el mobiliario urbano fue inaugurado en tiempos de Breznev, pero lo cuidan todo con bastante esmero y es una ciudad limpia no, limpísima.
Helado de fresa, de menta, de leche merengada, de tutti frutti, oigan.

El metro es similar al moscovita, con estaciones monumentales llenas de columnas, cúpulas y lámparas de cristal colgando. Nuestras estación favorita es la decidada a los cosmonautas con azulejos de colores saturninos, columnas de cristal como si fuera una estación lunar de pelicula de serie B y cuadros de astronautas flotando en el espacio sosteniendo ramas de olivo. Es imposible no tatarear 'Major Tom to ground control0 mientras se contempla la decoración. El metro esta lleno de policias imberbes y de señoras vigilantas que dormitan en desvencijadas cabinas. Es rápido y cada estación esta muy separada una de otra. Cuesta 600 sums (lo que equivale a unos 20 centimos, maldita Esperanza) y hay que comprar unos graciosas monedas de plástico para atravesar los anticuadísimos torniquetes. La única lástima es que esta terminantemente prohibido hacer fotos en él, seguramente por el hecho de que se construyó en 1971 como medio de transporte y también como refugio antinuclear (de lo que dan fe las puertas blinadas que hay en determinados accesos y que son del grosor de un buey).

Visitamos también un complejo religioso compuesto por mezquita, madrasa y museo (que incluye la copia del Corán más antigua que existe) y finalmnete, tras callejear unas horas por el centro, decidimos acercarnos de nuevo al hotel a descansar un rato y protegernos del intenso sol. Como Tashkent no tiene mucho que ver, la verdad, a eso de las 4 decidimos visitar un museo de los varios que hay, todos de dimensiones magalómanas. El agraciado es el Museo de Historia del Pueblo Uzbeco que contiene dos partes, una de historia con objetos del pasado del país desde la época prehistórica y otra de logros presentes que esta lleno de vitrinas mostrando los avances en materias tales como la fabricacion de jeringuillas de plástico (true story) o los logros de del deporte uzbeko (y encima no sale Abdoujaparov). Todo ello aderezado con miles de frases y fotos del presidente Islam Karimov un poco al estilo Kim Il Jong: visitando fábricas, besando bebes, poniéndo medallas. Todo es tan desmesuradamente ridículo que nos da un ataque de risa incontrolada que nos dura 10 minutos y que hace que se nos salten las lágrimas porque cada vitrina (la industria del petroleo ilustrada con latas de lubricante; un certificado de un tío que subió al Everest y encima, tal y como avisa el diploma, por la cara fácil; etc.) es más descacharrante que la anterior.

Tras un último paseo por uno de los bellos parques llenos de fuentes de la ciudad volvemos al hotel y cenamos no sin antes encontrarnos con un grupo que esta haciendo la ruta Escocia-Ulan Bator en coche. Mañana nos levantaremos a eso de las 5 de la mañana para cogere un vuelo hacia Urgench en la otra esquina del país. Que Dios nos pille confesados...

8 comentarios:

Goio dijo...

Pero cuando os va a pegar la primera diarrea? Tardaran mucho ese tipo de hightlights?

David Alonso dijo...

Da gusto leerte Ismael...Animo Nati, aguantale...Traeros un billete de esos tamaño DIN A-4.

Anónimo dijo...

Como me gusta viajar con vosotros...y la comida?? nos tienes que narrar algo de la comida...me muero de curiosidad!! cuidaros y a disfrutar del gran placer de viajar!! besote

Miriam

Helen dijo...

Es un auténtico placer leerte Ismael... esto promete!

Mac dijo...

Más crónicas keremos! Oye, tengo curiosidad por una cosa: a ver si en Samarkanda te puedes enterar de lo k vale un camello.

Anita Lorite dijo...

El modereitor ¿a quién quiere cambiar? ¡Vaya preguntas que se casca! xD

Joder, me choca mucho que digas que Tashket es tan verde y limpio. Aquello me lo imagino tan desangelado y seco....

Vaya fajo de billetes de El Pale que te gastas, macho. Supongo que te guardarás uno de recuerdo. Yo aún tengo una rupia en el monedero, un billete.

Besitoooos.

Anónimo dijo...

Wifi en el hotel? Y yo aquí en Bretaña subida a una silla a la pata coja para poder coger red. Hay que jorobarse... Bon voyage. Rocío

Ana G. dijo...

Vaya!!! Buen comienzo eso de la clase bussiness...Y muy bien, ganas puntos con eso de rechazarlo si no aceptaban a Nati contigo... Eso no lo hacen todos....