Pronto encontramos un coche que dice que nos lleva hasta Khiva. Compartimos el trayecto de dos horas con una seсorita uzbeka un tanto oronda y un seсor uzbeko que no dice ni pio durante todo el trayecto. El conductor en cambio es locuaz y, como ve que no hablo ni jota de uzbeko me tiende un diccionario uzbeko-ingles que guarda en la guantera. Como suele ocurrir en cuanto averigua como me llamo no para de mencionar mi nombre como si fuera un mantra. Suelen ser frases en ruso (imaginan que asi lo entendere) que comienzan con Ismail (a la manera arabe) y acaban con un “Da?” a las que yo suelo asentir con una sonrisa de panfilo diciendo “da, da” y asi todo el camino. En una ocasion incluso de detiene en medio de la carretera para mostrarme a lo lejos una fortaleza de la epoca preislamica de las que abundan en la region. La fortaleza se ve a lo lejos, castigada por el sol vertical del mediodia, y me obligo a hacerle un par de fotos para no desairar su amable gesto.
De lo cerca que me puse si pasa un minuto mas me uno a ellos.
En medio de trayecto el conductor se pone a hablar por el movil, cosa habitual por aqui. Lo de no llevar el cinturon de seguridad, prescindir del casco de la moto o hablar por el movil es la norma. Cuando cuelga me dice en un ingles aderezado de gestos de mimica que no nos puede llevar hasta Khiva si no que nos deja en Urgench y alli cogeremos otro coche hasta nuestro destino final, todo ello por el mismo precio. Que si, que si, que OK. Efectivamente en Urgench paramos cerca del marasmo de taxis colectivos y mashrutkas que hay cerca del bazar (una especie de colmena inmensa y salvaje con miles de vehiculos tostandose al atorrante sol de la ciudad) y el mismo conductor subcontrata a un tercero para que nos lleve a Khiva, eso si, en cuanto consiga a otros dos pasajeros para llenar la cuota. No esperamos mucho pues enseguida vienen dos tipos mбs con el aspecto tipico del lugar: rostro patibulario, pantalon oscuro de tergal y camisa de manga corta fea. Son muy habituales estos grupos de hombres viajando en grupo, nunca con sus mujeres y siempre sin equipaje. Los mejores son los que, a la indumentaria seсalada, aсaden una mariconera de dimensiones extravagantes.
La carretera hacia Khiva es compartida por coches y una lнnea de trolebъs que es tan lenta que casi se hace mas rapido el recorrido andando. Una vez en Khiva vislumbramos a la recia luz del sol vespertino las imponentes murallas de la ciudadela y, de nuevo con los bultos a la espalda, nos encaminamos hacia nuestro alojamiento.
El Meros Bed & Breakfast es un clasico de una ciudad con no demasiadas opciones. Se trata de un negocio familiar con solo 6 habitaciones y esta pegado a la fortaleza. Hay que dejar el calzado en la puerta y ya dentro observamos que aquello es un remanso de paz y limpieza comparado con la anterior etapa. Mientras preparan la habitacion aguardamos en el salon que sirve tambiйn de sala comun y comedor. Alli entablamos conversacion con varios viajeros. Marcus y Sophie con alemanes de Colonia y estan dando la vuelta al mundo. Son elegantes, cultos, amables y guapos y en cuanto nos ven nos invitan al melуn que han comprado en el mercado esa misma magnana (Nota mental: yo de mayor quiero ser Marcus). Luego se une un chico de Newcastle que forma parte del Mongol Rally. Su coche, un Nissan Micra, ha cascado debido a la gasolina adulterada que han tenido que comprar en el mercado negro dadas las restricciones que mencionaba en el post anterior. Es un chaval locuaz y muy gracioso que no para de contar anecdotas del viaje. Entre otras cuenta la de los dos participantes que estan haciendo el rally (aunque no les ha vuelto a ver ya que cada uno elige su ruta) en un Smart y sabнan tan poco de mecanica que desconocian incluso como se abria el capo de su coche. Tambien cuenta, al decirle que somoe espaсoles, la historia de los dos policias espagnoles que no eran parte del rally pero con los que coincidieron durante varias etapas compartiendo ruta, al parecer en no se que punto de Kazajistan o Azerbaiyan se libraron de una multa que la policia local cobraba por sistema a todo extranjero que por alli pasaba con el efectivo metodo de mostrar sus placas de polis espaсoles. El chico de Newcastle no paraba de reirse contando que !los policias llevaban la placa a 5000 kilometros de distancia de casa!. Tambiйn entablamos conversacion con dos franceses de Aix en Provence que si iban a quedarse esa noche por alli y con los que quedamos para cenar mas tarde.
Sherezade debia de vivir en una urbanizacion de este estilo.
Cuando uno viaja de forma independiente es habitual coincidir con viajeros en varias etapas y, al fina, se confirma una cierta camaraderнa que es bastante apreciada cuando las cosas se tuercen. Ese fue el caso de otros dos franceses con los que coincidimos en el desayuno el dia siguiente. El chico no se encontraba nada bien, tenia muy mala cara y no probaba bocado. Tenia todos los sintomas de una de las maldiciones del viajero, la diarrea. Viendo lo mal que lo pasaba le dimos un sobre de suero de los que solemos llevar de viaje (pese a que puede ocurrir que lo tengamos que necesitar nosotros en algъn momento) y, para nuestro contento, volvimos a verle por la tarde muy recuperado y agradeciйndonos infinito el gesto. Le dijimos que no tenia por que dar las gracias, pero que la proxima vez que no abucheen a Contador o quemen un camiуn de pepinos en la frontera.
Por cierto que la habitacion del hotel no podia ser mejor. Limpia, amplia y con una enorme terraza con vistas a la centenaria muralla y los principales monumentos.
Hace tanto calor en la calle que decidimos descansar hasta las 6, hora en que salimos a dar un paseo. Y cuando digo CALOR. La ciudad solo es practicable desde el amanecer hasta el mediodia, apartir de entonces la temperatura llega a los 45-50є. Pero vamos, que hemos tenido suerte, segun nos dicen dos semanas atrбs sufrieron una hola de caor que hizo llegar el mercurio hasta los 60є. Cuando comienza a declinar el sol la luz de la tarde ilumina la ciudadela baсando de una luz dorada los enormes minaretes, haciendo centellear las cupulas cubiertas de azulejos verdes o azules, rebotando en las puertas de madera finamente labrada y lamiendo los muros de ladrillo y adobe. No teniamos ni idea de lo hermosa que podia ser Khiva, una joya escondida en lo mбs remoto de Asia Central e injustamente eclipsada por el nombre de Bujara o Samarkanda. Khiva resplandece al amanecer y el atardecer cuando sus mezquitas, madrasas, minaretes y mausoleos cobran una tridimensionalidad sobrenatural. Apenas hay gente paseando por sus calles y el silencio se hace dueсo de patios milenarios y calles que cuentan la historia de la ciudad. Una historia de muerte y crueldad por cuanto el escenario que ahora parece de ensueсo, fue el de la ciudad con mayor comercio de esclavos de Oriente durante siglos. Una ciudad implacable con sus enemigos y cruel con sus aliados, una ciudad -segъn cuentan las crуnicas- de ladrones, asesinos, verdugos y buscavidas. Todo ellos languidecen ahora frente al poder evocador de sus decenas de madrasas y mezquitas a cual mas hermosa y deslumbrante. Una ciudad museo -acusan algunos- pero seguramente el museo mбs bello y evocador de Asia Central.
Posado sucintamente falico
Aprovechando el atardecer subimos hasta la atalaya de la muralla (previo soborno a una mujer que nos pide chicles como si fuйramos soldados americanos en la liberacion de Francia). Desde lo alto el panorama de murallas anaranjadas, palacios ocultos, patios arbolados, casas de barro temblando por el calor y las estilizadas figuras de los tres minaretes principales de la villa resulta de una hermosura sobrecogedora.
Acabamos las dos noches que estamos en Khiva cenendo en el mismo lugar con Sandrine y Romain, los franceses, ya que tampoco hay muchas posibilidades de eleccion y las dos veces que intentamos probar en uno muy recomendado en las guias nos dicen que tienen problemas en la cocina y que tardan una hora en sacar los platos. Durante estos dнas en el pais hemos comido berenjenas rehogadas frias, ensaladas de col con pepino y limon, shasliks (pinchos morunos aderezados), una especie de raviolis tipicos rellenos de carne y huevo, carne a la brasa, pimientos rellenos, plov (arroz con carne de cordero), samsas (empanadillas), un guiso de pasta gruesa con verduras y carne y mucha sandia y melon. Todo esta realmente bueno y no parece haber problema en pedir y beber cerveza ya que la poblacion uzbeka no parece demasiado interesada en la tradicion islбmica.
Publicidad nada encubierta
Al dia siguiente recorremos con mas detenimiento la ciudad. Visitamos el Tosh Hovli (Palacio de Piedra) con sus tres patios ricamente adornados y su laberinto de pasadizos, patios menores y pasillos que llevaban al rey desde las бreas privadas a las publicas. Vemos el Mausoleo de Pahalvon, una especie de santon local que es el unico lugar de Khiva en el que los uzbekos son mayoria frente a los extranjeros que pasean (no muchos, ciertamente) por la ciudad. Admiramos los dos centenares de columnas de madera tallada que sostienen la Mezquita del Viernes, la principal de la ciudad, y finalmente subimos a lo alto de su minarete ascendiendo por una escalera oscura y empinada. Desde arriba se ve toda la ciudad y corre una brisa vivificadora. El sitio parece ser un lugar favorito de novios ya que esta lleno de pintadas y corazones, de hecho, a nuestro lado un par de tortolitos escriben sus nombres en el yeso de la pared ajenos a nuestra presencia.
Las calles muestran una afluencia de visitantes escasa, sobre todo se trata de grupos organizados pero no se ve mucho extranjero en general para lo que uno esperarнa de tan majestuosa ciudad. La tarde, como la anterior, transcurre en el hotel. Entregamos una bolsa de ropa para que nos la laven y tambien alli se encargan de cambiarnos dinero con la cuota del mercado negro. Un chollo, vamos.
La ъltima tarde recorremos parte del perimetro exterior de la muralla y compramos unas almendras y cacahuetes en el bazar local. Tambien trepamos a la ronda de la muralla interior y vemos de nuevo como el sol se pone entre las almenas y cъpulas. Segъn la noche da paso al dia los monumentos se iluminan con luces de tono verde, el color tradicional del Islam, mientras una luna llena de agosto de color miel intenso, se yergue entre los minaretes gemelos de la Medersa del Registбn. Khiva perdurara en nuestro recuerdo como uno de esos lugares en los que uno no sabe realmente si ha estado o lo ha sognado.
Hasta las estrellas y m'as alla...
PS: Perdon si aparecen simbolos raros, pero el teclado que estoy usando esta en cirilico.





5 comentarios:
Ismael y Nati, ya rea hora de ver que estáis de vacaciones y no castigados a ver lugares destruidos e inhóspitos generados por la raza humana. Esta parte si me gusta y me dais mucha envidia, espero que las fotos sean mejor que lo descrito y a seguir disfrutando del viaje.
Qué ganas de ver más fotos... te habrás empleado a fondo, no? POr cierto, importante lo de dejaros ver en alguna foto de vez en cuando, más que nada por ver que seguís íntegros xq con esas temperaturas...
Ya veo que lo estaís disfrutando. Gracias por la lección de Historia/geografia de un pais tan desconocido para nosotros. Lo de aquí no tiene nada de reseñable en comparación con vuestro periplo. Besazos.
Genial!! Gracias por compartir ese sueño!!!!
Magnífico relato. Gracias chicos.
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