En uno de los primeros posts de este viaje os hablé de Marat. Esta es su historia.
Marat
es cristiano en un país musulman (aunque musulmán de boquilla, porque aquí se
bebe incluso ahora que estamos en pleno Ramadán y las jóvenes de las ciudades,
no así en los pueblos, no van tapadas; tampoco se escucha habitualmente al almuecín
en la llamada a la oración y la asistencia de fieles a las mezquitas es, digamos, testimonial).
Marat estudió en el colegio americano de Nukus
(ojo, que me enteré que la ciudad horror tiene 350.000 sub-almas habitando en
ella) y aprendió inglés con los misioneros. Para la inmensa mayoría de los
uzbekos, durante las décadas de dominación soviética,
la religión no ocupaba mucho interés en las vidas de los ciudadanos aunque la tradición islámica estaba
presente. Tras la caída del comunismo se recuperaron todas las tradiciones
nacionales incluyendo la religión musulmana aunque siempre desde una perspectiva
moderada. El todopoderoso presidente Islam Karimov teme que se perciba a su país
como una especia de Afganistán o Irán y controla con mano de hierro que la
religión de Mahoma sea solo eso, una fe y no un movimiento social y politico.
Pues bien, a Marat, como a la mayoría de sus conciudadanos educados en el laicismo soviético, la religión le importaba tres pepinos. Marat estudió y se puso a trabajar, probó también suerte en el extranjero y volvió, Marat se casó y todo
iba bien, pero los hijos no venían. Consultó a médicos y curanderos, probó
sistemas científicos y también viejas supersticiones, pero todo seguía igual. Su
matrimonio estuvo a punto de romperse hasta que, segun nos contaba, comentó la
situación con uno de sus antiguos profesores que le recomendó que hablase con un
pastor protestante. Aquel hombre le hablo de los evangelios, del pecado y de la
fe. Y él, incrédulo pero resuelto a probar lo que fuera decidió darle una
oportunidad la cristianismo. Si, así como suena, como si uno decide probar el
ColaCao a ver si con eso se le pasa la úlcera. Y resultó, su mujer quedó
ambarazada. Y tras el primer hijo vinieron dos más.
Fue tal el agradecimieto de
Marat que tanto él como su mujer se convirtieron al cristianismo. Por eso cuando
le preguntamos si trabajaba en algo más aparte de su jornada de tardes en el Hotel nos
dijo que tenía un trabajo secreto. Yo, como tengo la imaginación febril, pensé
en agencias de espionaje, en tráfico de armas para los Talibanes o en poderosas
redes de blanqueo de dinero en el marcado negro, pero no, el trabjo de Marat es
el proselitismo cristiano, una actividad completamente prohibida en el país y
que acarrea grandes penas de carcel. Marat trabaja traduciéndo textos religiosos
al Karakalpak y al Uzbeko. Y eso le ha valido ser detenido en infinidad de
ocasiones, ser abandonado por su familia y denunciado por los vecinos que
llegan a conocen su 'secreto'. Marat es el tipo más inteligente, honesto y entregado que
hemos conocido en esta primera semana de viaje. Y fue gracas al él que llegamos
a Moynak. A él y su hermano.
Marat
nos comentó que quizás podría arreglarnos un transporte por unos 50 dólares,
pero como a la gente del hotel no le gusta que les chafen los negocios de 90
dólares (que es lo que suelen acordar con los viajeros), recibió un toque de
advertencia -esto lo supimos luego- y nos dijo que no le había sido posible
encontrar ningun coche con combustible suficiente. La alternativa era ir en
transporte público hasta la antigua costa de Aral. El viaje sería duro, pero era
la única forma de llagar. Para tomar el autobús primero había que llegarse hasta
el bazar y allí tomar una mashrutka (furgonetillas con rutas fijas donde la
gente se apiña como un equipo de futbol en una cabina de telélfonos). Una vez
allí hay que tomar la numero 34 dirección Abtobkassa (estación de autobuses en
ruso) que esta a 5 kilometros y desde allí hacer en bus los 220 kilometros hasta
Moynak. Estábamos dispuestos a todo ello. A las 6:30 ya estábamos de pié. Y a
las 7:30 nuestra situación era estar rodeados de gente indicándnos que tal
mashrutka iba o no iba o que si el autobus salía o no salía a tal hora o que si el
precio era este o el otro o que si la abuela fuma. Todos ellos hablando en perfecto
uzbeko o depurado ruso, niet angliski tovarich. En ese momento, cuando nuestro indice de confusión estaba
llegando a Def-Con 3, apareció Marat para rescatarnos. Nos contó lo arriba mencionado. Que le
habían dado un toque en el hotel por intentar hacer el trapi del viaje a un
precio más justo y que por la mañana había pensado que nos encontraría a allí así que madrugó y se presentó en el bazar para buscarnos.
Al final su hermano nos llevaría hasta Moynaq con la sola condición de que
tendríamos que parar a llenar el depósito de metano en Kungrad (solo hay dos
gasómetros en toda la región) y, nos advertía, la espera podíaser larga porque
desde hacía meses apenas llegaba suministro.
Estuvimos casi una hora y media hablando con Murat, hablando de su vida y
su familia, de su pasado como lider estudiantil en la universidad, de su infancia en Moynaq con
su abuelo pescador en el mar de Aral, de su estancia estudiando en Corea, de cuando había sido
inmigrante en Rusia, de sus creencias y sus problemas.. y siempre que hablaba lo
hacía con esperanza y sin perder la sonrisa. Nunca intentó darnos la vara con la
religión, solo nos contó su historia. La historia de de alguién con fe, la
historia de un tipo honesto que quiere lo mejor para su país y los suyos, la
historia en definitiva de un buen hombre.
3 comentarios:
Mereció la pena esperar!!
Bonita historia....
Una pregunta: Cuando dices que ha sido abandonado por su familia, ¿¿te refieres también a su mujer e hijos??.
Porque si esa misma fé que le ayuda a conseguirlos va y se los quita....
No, no. Su mujer sigue siendo su mayor apoyo y sus tres hijos son aun pequeños. El se refería más al rollo primos, tíos y demás. ¡¡No sufras Ana!!
Ufff....menos mal...
Que oye, una sabe que la vida es perra pero....
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